Amélie y los Secretos de la Lluvia

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✍🏼 Redacción GermaDor [ @germador_ ]

📷 Póster oficial

📍 Todas las salas de cine del país

El filme se estrena el próximo 12 de marzo en todas las salas de cine del país

Hay pocas zonas de la experiencia humana tan esquivas para el cine como la primera infancia. Tal vez porque sus emociones no se dejan traducir con facilidad, porque las alegrías y los miedos de esos años parecen pertenecer a un idioma anterior a las palabras, o porque resulta casi imposible recrear la sensación de que (literalmente) todo ocurre por primera vez. Lo cierto es que son contadas las películas que han conseguido capturar ese temblor inicial del descubrimiento.

En ese terreno resbaladizo se internan Maïlys Vallade y Liane-Cho Han con Amélie y los Secretos de la Lluvia, cuya principal característica –además de sus dibujos con estética de acuarela en movimiento, de bordes suaves y colores aguados– es colocar esas percepciones inasibles en el centro del relato y privilegiar la experiencia sensorial por sobre la progresión clásica de la trama. Antes que contar una historia en términos convencionales, la película se propone habitar la mente de una niña que empieza a descifrar el mundo, invitando al espectador a mirar, oír y sentir como si también estuviera estrenando la realidad.

“Su hija es un vegetal”, les dice un médico a los padres de Amélie apenas nace, frase brutal que encendería la mecha narrativa de más de un melodrama lacrimógeno. Nada más alejado de eso. La adaptación de la novela autobiográfica de Amélie Nothomb elige el camino de la fábula íntima donde cada estímulo se convierte en acontecimiento. El mundo es un territorio por conquistar con asombro y no un espacio hostil, incluso cuando a Amélie le toca crecer en Japón durante la década del 60, en una sociedad todavía atravesada por las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial.

Tercera hija de un matrimonio belga radicado en el país por el trabajo del padre, Amélie no habla ni pestañea durante sus primeros años. No porque no pueda, sino porque parece estar procesando el mundo a otra velocidad. La gran revelación, el primer indicio del mundo adulto, llega con un simple bocado de chocolate belga, cortesía de una abuela recién llegada. En esa explosión de sabor se cifra el despertar a partir del cual el cuerpo reacciona, la lengua se suelta y el universo empieza a nombrarse. La otra epifanía adopta la forma de una niñera japonesa que introduce a la niña en la mitología local. A través de relatos sobre espíritus del agua y presencias invisibles, la fantasía se vuelve puente entre culturas y refugio ante la inmensidad de todo.

Una vez que comienza a hablar, Amélie ya no se detiene. Las palabras brotan con la misma intensidad con la que la animación despliega sus apuestas formales, hasta chocar contra el primer contacto con la muerte de una niña que ya no será la misma. En ese sentido, Amélie y los secretos de la lluvia insinúa lo mismo que buena parte del cine de Hayao Miyazaki: que el tránsito hacia la conciencia adulta conlleva la aparición del miedo, la vergüenza y la extranjería. Como en toda la obra del responsable de Mi vecino Totoro y El Viaje de Chihiro, la mirada infantil no es aquí un recurso decorativo sino el prisma desde el cual se reorganiza el mundo. Vallade y Han dialogan con esa tradición no desde la copia estética sino desde una sensibilidad compartida y la ferviente creencia de que la animación tradicional todavía conserva su magia.

Ficha técnica:

Nombre original: (Amélie et la Métaphysique Des Tubes)

País: Francia.

Dirección: Mailys Vallade y Liane-Cho Han

Guion: Liane-Cho Han, Aude Py, Maïlys Vallade y Eddine Noël, basado en la novela La Métaphysique Des Tubes, de Amélie Nothomb

Duración: 77 minutos

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